Desde el aire, muchas partes de la Amazonía occidental aún se percibe como un mar verde inmenso, que se extiende hasta donde alcanza la vista. Sin embargo, este bosque, el ecosistema terrestre más diverso que jamás haya existido, enfrenta una realidad alarmante: todos los días perdemos grandes pedazos de la Amazonía incluyendo las conexiones claves entre las zonas altas de los Andes y las tierras bajas del llano amazónico.
Los impactos de esa perdida de bosque ya se están manifestando en la disponibilidad de agua en ciudades lejanas. En Bogotá, Colombia, hay racionamiento de agua porque la deforestación en el pie de monte andino reduce el movimiento y las cargas de agua de los “ríos voladores” – corrientes de humedad atmosférica que nacen en la Amazonía y nutren a los Andes—y los embalses no se llenan lo suficiente para sostener el uso humano. En Ecuador, esa disminución de agua ha significado una menor generación hidroeléctrica resultando en apagones generalizados en el país entero. Estos impactos de la deforestación en la cuenca amazónica se extienden más allá de América del Sur, alterando los patrones climáticos en lugares tan lejanos como las regiones agrícolas en el centro de los Estados Unidos o Siberia en Rusia.
En este momento, estamos en una carrera por comprender lo que significará que los bosques sean más cálidos, más secos, más húmedos y/o más inflamables, para el bienestar de los habitantes de la cuenca de la Amazonía y del bosque que los sustenta. Como Directora de Ciencia de Conservación Amazónica – ACCA, organización peruana con 25 años de trabajo en la conservación de los ecosistemas andino-amazónicos, coordino investigación en campo sobre los impactos del cambio climático en la biodiversidad. Esta labor se desarrolla en tres estaciones biológicas–Wayqecha, Manu y Los Amigos–ubicadas estratégicamente a lo largo de un gradiente altitudinal, o corredor climático, en el sureste del Perú. Las estaciones cubren una diversidad de ecosistemas desde las pastizales y bosques de nubes en los Andes hasta las tierras bajas de la Amazonía y son centros activos para la investigación, la enseñanza y la conservación.
En la estación biológica Wayqecha, ubicada en la elevación más alta, Ruthmery Pillco y su equipo utilizan técnicas avanzadas de telemetría para rastrear a los osos de anteojos y aprender cómo se mueven a través del bosque nuboso y los pastizales por encima de la línea de árboles. En la elevación media se encuentra la estación biológica del Manu, donde Juliana Morales recolecta insectos que transmiten la leishmaniasis, o uta, una enfermedad potencialmente desfigurante y a veces mortal que con el cambio climático se ha extendido al sur de los Estados Unidos. En elevaciones más bajas en la estación biológica Los Amigos, Elena Chaboteaux mide cómo los escarabajos toleran temperaturas cada vez más altas, y si el mercurio, un químico tóxico utilizado en la minería de oro cercana, podría afectar su capacidad para lidiar con el calor.



Estas tres científicas trabajan junto a un grupo grande de colegas para comprender los rangos de distribución de las especies, ya sean insectos o mamíferos, y cómo esas distribuciones cambian con la elevación. Estos datos sobre las áreas de distribución de las especies, las tolerancias térmicas y la contaminación nos permiten comprender mejor los patrones actuales de diversidad en estos bosques y modelar escenarios de cambio climático.
Mientras me maravilla este trabajo en el sureste del Perú, sueño con cómo hacerlo más grande y mejor. ¿Cómo podemos atraer a una comunidad más grande de investigadores del Perú, del resto de Sudamérica y del mundo? ¿Cómo podemos expandir este trabajo a los corredores climáticos a lo largo de las laderas andinas en Bolivia, Colombia, Ecuador y otras partes del Perú? ¿Cómo podemos construir una coalición de investigadores y expertos locales en toda la cuenca que luchen para mantener estos bosques en pie?
La Amazonía es vasta y tenemos poco tiempo. Para enfrentar el cambio climático, conservar los bosques y profundizar nuestro conocimiento sobre las especies que habitan esta región, necesitamos personas sobre el terreno que estén comprometidas con la ciencia colaborativa y la transformación del conocimiento en acción.
Si quieres unirte a este esfuerzo, hacer ciencia en las estaciones, proponer colaboraciones nuevas, compartir tu conocimiento, por favor, no dude en contactarme.
Corine Vriesendorp, Phd
Director of Science
Conservacion Amazonica ACCA-Perú