- La investigación identifica las condiciones climáticas que favorecen la ocurrencia y propagación de incendios forestales en la Amazonía peruana y alerta sobre las brechas en prevención y respuesta en las zonas más vulnerables de la región.
Lima, julio de 2026. Mientras la atención pública se concentra en los posibles impactos de El Niño sobre la costa peruana, una nueva investigación advierte que la Amazonía enfrenta un riesgo distinto, menos visible y potencialmente devastador. Si vuelven a coincidir las condiciones climáticas que desencadenaron la histórica temporada de incendios de 2024, el país podría enfrentar nuevamente un escenario de incendios forestales de gran magnitud.
Esa es la principal conclusión del estudio «El Niño y los incendios forestales en la Amazonía peruana: ¿Qué podemos esperar para la temporada 2026-2027?», elaborado por Conservación Amazónica – ACCA, que analiza la relación entre los eventos de El Niño, las sequías extremas y los incendios forestales registrados en la Amazonía peruana, así como el nivel de preparación institucional para enfrentar un escenario similar en los próximos meses.
El documento explica que, contrario a una creencia ampliamente difundida, El Niño por sí solo no determina la ocurrencia de temporadas extremas de incendios en la Amazonía. Los mayores eventos registrados en las últimas décadas se produjeron cuando coincidieron varios factores: un evento de “El Niño Global”, temperaturas excepcionalmente altas en el Atlántico Tropical Norte, condiciones severas de sequía y presiones humanas como la expansión agrícola, la deforestación y el uso del fuego para habilitar nuevas áreas de cultivo.
Durante 2024, la interacción entre un evento “El Niño global”, seguido de un evento “La Niña global” y condiciones cálidas intensas en la temperatura superficial del Atlántico Tropical Norte, reforzaron las condiciones de sequía en la Amazonía peruana, los cual sumado a la presión antrópica generaron la temporada más severa de incendios forestales registrada en la Amazonía peruana desde que existen datos comparables, con aproximadamente 240 mil hectáreas de bosque, áreas agrícolas y otros ecosistemas amazónicos afectados por incendios, además de impactos sobre la biodiversidad, reduciendo la resiliencia de los árboles, afectando la disponibilidad de agua, el transporte fluvial, así como las actividades productivas y la salud de las poblaciones amazónicas.

El estudio advierte que actualmente los pronósticos internacionales muestran una alta probabilidad del desarrollo de un evento de El Niño de fuerte magnitud durante el periodo 2026-2027. Sin embargo, precisa que todavía no se han configurado todos los factores climáticos que desencadenaron la crisis de 2024, por lo que el país dispone de una ventana de oportunidad para fortalecer la prevención y prepararse antes de que las condiciones evolucionen.
«Nuestro mensaje no es que vayamos a repetir necesariamente un escenario como el de 2024. Lo que muestra la evidencia científica es cuáles son las condiciones que incrementan significativamente ese riesgo y por qué debemos monitorearlas permanentemente. Todavía estamos a tiempo de prepararnos antes de que esas variables coincidan nuevamente», señaló Sidney Novoa, Director de Tecnologías para la Conservación de ACCA.
¿Está preparado el país?
Además del análisis climático regional, la investigación evaluó el nivel de preparación de los diez distritos amazónicos que acumularon la mayor superficie afectada por incendios entre 2013 y 2024.
Los resultados muestran importantes brechas en prevención y respuesta. En varios de estos territorios aún no existen planes actualizados de prevención de incendios forestales; la disponibilidad de compañías de bomberos es limitada y concentrada principalmente en capitales provinciales; mientras que las brigadas especializadas en incendios forestales operan, en su mayoría, en el ámbito de áreas naturales protegidas y sus zonas de amortiguamiento, reduciendo su capacidad de respuesta en otros sectores críticos.
El análisis también evidencia diferencias importantes en la ejecución del presupuesto destinado a la gestión del riesgo de desastres. En algunos de los departamentos con mayor recurrencia histórica de incendios, como Madre de Dios, la ejecución presupuestal para reducir la vulnerabilidad frente a emergencias apenas alcanzaba el 6,5 % hasta junio de 2026, pese al antecedente de la crisis registrada dos años atrás. A ello se suma que el principal proyecto de inversión pública identificado para la prevención y control de incendios forestales en Ucayali presentó una ejecución de solo 3.1 %. Estos resultados evidencian que el reto no está únicamente en contar con presupuesto, sino en lograr que los recursos se ejecuten oportunamente para fortalecer la prevención y la capacidad de respuesta antes de una nueva temporada crítica.
Asimismo, el estudio identifica como distritos prioritarios para fortalecer las acciones de prevención a Campo Verde, Nueva Requena, Masisea, Yarinacocha y Manantay (Ucayali); Las Piedras, Iberia y Tahuamanu (Madre de Dios); y Puerto Inca y Tournavista (Huánuco), debido a su alta recurrencia histórica de incendios forestales.
Ciencia para anticiparse a las emergencias
La publicación busca proporcionar evidencia científica que permita anticipar escenarios de riesgo antes del inicio de la temporada de incendios y fortalecer la toma de decisiones de las autoridades nacionales, regionales y locales.
Para ello, el estudio integra información de variables oceánicas y climáticas, registros históricos de sequías (1950 – 2026) datos de áreas quemadas (2013 – 2024), indicadores de riesgo y análisis de capacidades institucionales, ofreciendo una visión integral sobre la vulnerabilidad actual de la Amazonía peruana.
«La experiencia de 2024 demostró que los incendios forestales pueden generar un impacto muy fuerte en bosques tropicales húmedos, donde tradicionalmente no ocurrían, atender estas emergencias cuando ya están fuera de control resulta mucho más costoso, tanto económica como ambientalmente. La prevención debe comenzar varios meses antes, fortaleciendo el monitoreo climático, los sistemas de alerta temprana, la planificación territorial y las capacidades locales de respuesta», añadió Sidney Novoa.
Los autores enfatizan que el comportamiento de las variables influyentes deberán seguirse de manera continua durante los próximos meses, especialmente la evolución de la temperatura superficial del océano Pacífico y del Atlántico Tropical Norte, cuya interacción podría modificar significativamente el nivel de riesgo para la Amazonía peruana.
Más que anticipar una catástrofe, el documento plantea una hoja de ruta basada en evidencia para que el país llegue mejor preparado a una eventual temporada crítica de incendios forestales y reduzca los impactos sobre los bosques amazónicos, las comunidades y la biodiversidad.
La publicación completa, El Niño y los incendios forestales en la Amazonía peruana: ¿Qué podemos esperar para la temporada 2026-2027?, ya se encuentra disponible para consulta y descarga aquí.